viernes, 30 de marzo de 2012

Carta de amor para los que están lejos




Es jueves. Cuando desperté
el viento propagaba un aroma seco en los barrios
y en las ventanas aparecía el mundo cicatrizando
bajo una franja azul de cielo.

-Marzo. Piso un error tectónico
un albur de los volcanes.
Esta ciudad que malvive de las mensualidades del olvido- pensé.

La inmovilidad nos está vedada
aunque a veces el espíritu parezca de piedra:
recuerdo la hormiga negra de Cortázar
paseándose por una corbata amarilla:
qué solemne cuenta su chiste a los que esperan
un aguacero improbable que refresque la siesta de esta tarde.

O tal vez visite a Carlos y Andrea
y les lleve un fruto seco, un humo.
Y hablemos de las parvadas de aves migratorias
que ornamentan el infortunio de los países democráticos.

Es una exageración, pero la ley antitabaco
ha institucionalizado el desamparo de los solitarios y los tristes
que ahora deambulan desorientados por las avenidas de este valle.

Invento un nombre para ustedes antes de volver a cerrar la puerta.
Todo en la casa está quieto.
No, no y no –digo sin escucharme mientras me dirijo al cuarto.

Marzo 2012

2 comentarios:

Filisteo dijo...

Hermoso, y sumamente melancólico. "las mensualidades del olvido" y "el mundo cicatrizado" son dos topos hermosísimos.
Yo guardo una esperanza débil, un arroz en caja de hierbas, de que, como todo en esta vida y en ese país, la ley antitabaco comience a sufrir de sus mejores detractores y de incitantes prevaricadores con la mayor prontitud, para que más y más se le mire como un trasto viejo.

Pelele dijo...

Yo pienso, como vos, que con el tiempo la cosa se va a atenuar, pero por mientras es como estar en casa por cárcel, jajaja. Gracias