viernes, 25 de abril de 2008

Estación La California o Las Siete hormigas (sueño)


A Pame

A veces ella saca una sombrilla de su bolso; entonces llueve. La Estación La Fornicalia existe en alguna tarde en San José que pendula inventando segundos y cuadrantes. Nosotros, bajo el techito ambulante que recoge la lluvia, salimos a buscarla. Si la hallamos, una casona vieja nos recibe entre sus pasillos llenos de puertas.

-Hay que repetirse, repetirnos siempre aquí como esas puertas -dice sin verbos, soltándose el pelo frente a un espejo que la repite en alguno de los cuartos. La ventana, abierta al barullo de la ciudad, comprueba las bondades del refugio.

-No hay deleite en el cigarrillo si se piensa en él. Yo no pienso en vos -me dice- cuando estamos aquí, pienso en cosas que no conozco, que aún no existen. Algunos animales nacen de esta forma, algunas máquinas también. Los libros son mentira. Pero sólo esta puede preñar la realidad de nuevos seres.

El cuarto es pequeño, sin embargo estamos en la parte ancha del embudo.

-Acá estaremos bien porque no estamos, como cuando se parpadea. La inconciencia tiene las esencias del perfume. En la gaveta de la cómoda hay un mapa; no la abrás.

A la Estación La Fornicalia se llega en cualquier momento, pero sobre todo en bus. El péndulo se mueve fijo desde el punto. El punto tiene la virtud de lo posible más allá de lo Cierto.

-Mirá cómo desnudo sos más bello, menos vos, más eso que no tiene nombres y llamás tornillo o felino o cortina, amordazándolo. Mi mano no es mi mano y te toca; imaginaria como el punto.

Una hormiga baja por la pared tras otra hormiga que anda tras otra hormiga que a su vez sigue a otra hormiga que sigue a otra seguida por otras dos.

-El niño, que es observado por vos, las observa seriamente y luego las aplasta con el índice. Ya aprenderá (pobre) a ignorarlas. Mientras tanto, aplastá las hormigas que me hurgan bajo el vientre.

Una única vez seguimos viniendo a la Estación de La Fornicalia. Ella trae un telescopio que extiende desde la cama a la veladora para colgar la sombrilla y verla llover; yo, una baraja, que usamos para explorar las posibilidades del azar jugando Tonto.

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